Miro el reloj. Una y otra vez. No llega la hora. El tiempo pasa muy lentamente. Imagino cómo será ese momento que no llega. Será frío? Será corto o largo? Pasará rápido o al contrario? Cómo será? Vuelvo a mirar el reloj. 30 segundos han pasado. Estrés. ¡Qué horror! Oigo las pisadas. Se acerca. Todavía no es la hora. ¿Qué habrá pasado? Levanto la vista. Ah, no era él. Vuelvo a bajar la cabeza e intento aguantar mis ganas de volver a mirar el reloj. No me doy cuenta y ya pasado el tiempo que tenía que pasar. Suena mi móbil. ¿Si? Hola! ¿Es la hora? Voy para allá. Cuelgo.
Está ahí. Esperando. No me había dado cuenta y habían pasado más de 30 minutos.
¡ES LA HORA! Intentaré afrontar el momento con calma.
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