
Me siento en las rocas. Observo como rompen las olas. El ruido me encanta. Me relajo. Me doy cuenta de que hay unos aventurados que se han metido en el agua, -que frío- pienso. Además, hay medusas. Bueno, da igual, miro más allá y veo el puerto. Me encantaría subirme a una lancha de esas e irme lejos de la orilla. Me levanto y camino por al lado del mar mojandome los pies, con las chancletas en la mano. Me tumbo en la arena y cierro los ojos. Intento unicamente escuchar el mar. Lo consigo.
Vuelvo a casa. Relajadísima.
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